Manejo agroecológico de plagas

El manejo de plagas en una agricultura sostenible

Dr. Fernando Bahena Juárez *

 

La actividad agrícola que se practica en forma generalizada, ha conducido la mayoría de las veces a la continua pérdida del equilibrio entre los componentes del agroecosistema, eliminando su capacidad de autorregulación y haciéndolo, por lo tanto más susceptible al desarrollo y ataque de plagas. Ese tipo de agricultura implica la simplificación de la biodiversidad y alcanza una expresión extrema con los monocultivos.

 

 El resultado final que podemos observar de lo anterior, es la existencia de un ecosistema artificial que requiere de una constante intervención humana. En la mayoría de los casos y en gran medida, esta intervención es en forma de insumos agroquímicos, los cuales, si bien han contribuido a lograr incrementos estadísticos en la producción, también han provocado un alto costo económico, ambiental y social que es indeseable.

 

Respecto a la protección de cultivos, se sabe que por la inestabilidad de los agroecosistemas “modernos” y principalmente por la aplicación sistemática de productos agroquímicos, se ha provocado en muchos casos el surgimiento de plagas nuevas, de plagas secundarias que pasan a ser primarias, el desarrollo del fenómeno de la resistencia a los plaguicidas, la eliminación de los enemigos naturales y en general la pérdida de la fauna útil; lo anterior, aparte de los daños a la salud pública (particularmente hacia los jornaleros agrícolas), contaminación de alimentos, suelo y agua, y en general un deterioro gradual y constante de los recursos naturales.

 

Uno de los objetivos en el manejo de plagas, desde la perspectiva de la agricultura sostenible, es reducir gradualmente los problemas asociados al uso de plaguicidas químicos, obteniendo rendimiento y calidad aceptable, y paralelamente minimizar los daños al ambiente y a la salud humana.

 

Es evidente que para lograr lo anterior, desde nuestro punto de vista, se requiere avanzar simultáneamente en tres sentidos:

1) Promover la biodiversificación de los agroecosistemas;

2) Sustituir la utilización de plaguicidas químicos por otros productos alternativos; y

3) Implantar un Manejo Ecológico de las Plagas (concepto diferente al conocido como “Manejo Integrado de Plagas”).

 

Sin embargo, los resultados también dependen de que tanto los investigadores, técnicos extensionistas y agricultores tengan claridad que el objetivo que se pretende finalmente es reducir las poblaciones de las plagas a niveles que no causen daños económicos al agricultor y nunca el exterminio total de dichas poblaciones.

 

Biodiversidad de los agroecosistemas

Se sabe que dentro de los agroecosistemas, todos sus componentes están interrelacionados y cualquier actuación sobre alguno de ellos incide favorable o desfavorablemente sobre los demás; en este sentido, la biodiversidad puede ser utilizada para mejorar el manejo de plagas, pues ha sido demostrado que es posible estabilizar las poblaciones de insectos en los agroecosistemas mediante el diseño y la construcción de asociaciones vegetales que mantengan poblaciones de enemigos naturales o que posean efectos disuasivos directos sobre los herbívoros plaga, o incluso mediante el uso y manipulación de plantas “trampa”.

 

La mayor diversidad vegetal, tanto la de los cultivos como la natural, favorece la abundancia de los enemigos naturales y su efectividad al proveer de huéspedes o presas alternativas cuando escasea la plaga principal, al aportar alimentación (polen y néctar) para los parasitoides y depredadores, y al ofrecer refugios para su invernación o nidificación.

 

En la literatura existen numerosos ejemplos de experimentos que documentan como la diversificación de los sistemas de cultivo frecuentemente conduce a la reducción de las poblaciones de plagas, sugiriendo que entre más diverso sea el agroecosistema y mayor duración tenga esta diversidad inalterada, mayor cantidad de relaciones internas se desarrolla para promover una mejor estabilidad entre las poblaciones de insectos.

 

En muchas regiones agrícolas de México, se ha cultivado tradicionalmente al maíz asociado con otros cultivos como el frijol, haba y calabaza, y ya ha sido demostrado como este tipo de prácticas previenen o reducen en forma natural a poblaciones de plagas como las chicharritas (Empoasca y Dalbulus), Diabrotica balteata, barrenadores (Diatraea lineolata), y el gusano cogollero (Spodoptera frugiperda). Ha sido evidente en nuestras observaciones de campo, como la asociación de estos cultivos y la presencia de otras plantas silvestres, frecuentemente llamadas “malas hierbas”, aumentan significativamente el número de parasitoides y depredadores.

La biodiversificación incluye entre otras, a la asociación de cultivos, las rotaciones, la labranza de conservación con incorporación de residuos, mosaicos, y el manejo de las “malas hierbas”.

 

Es importante señalar que la práctica de este tipo de estrategias, en países subdesarrollados como el nuestro, pueden ser utilizadas para apoyar a la gran mayoría de campesinos pobres, con miras a alcanzar la autosuficiencia alimentaria durante todo el año y reducir su dependencia a insumos químicos caros.

 

Sustitución de los plaguicidas químicos

Un requisito esencial que debe ser retomado en este tipo de sustituciones, es la incorporación de la herramienta del muestreo sistemático de las poblaciones insectiles, tanto benéficas como dañinas. Esto nos dará la pauta de que usar y cuando lo tenemos que usar.

 

Entre las opciones de sustitución, están muchos productos derivados de plantas que tienen propiedades insecticidas y que en diferente medida pueden ser útiles para controlar algunas plagas. En México se dispone de información sobre al menos unas 1600 plantas con propiedades insecticidas contra diversas plagas, muchas de ellas con resultados verdaderamente sobresalientes, sin embargo, en el ámbito mundial la planta que más se utiliza actualmente es Azadirachta indica o árbol del Nim.

 

Es válido considerar que con este tipo de productos vegetales, la fabricación de insecticidas, al menos parcialmente, podría convertirse en una “empresa local”, basada en materiales renovables producidos en las mismas regiones agrícolas y a la ves también permitiría ir reduciendo la dependencia hacía la industria de los plaguicidas por parte de los agricultores.

 

También se dispone ya de otros productos que son relativamente inocuos a la entomofauna benéfica y que si bien algunos pueden ser producidos sintéticamente, todos ellos pueden contribuir al control satisfactorio de algunas plagas, con una tendencia hacía una agricultura más respetuosa del medio ambiente. Entre estos productos se tienen a: 1) Los bioinsecticidas ( por ejemplo; Bacillus thuringiensis, Virus de la poliedrosis Nuclear o Citoplasmica, o preparaciones fungosas a base de Bauveria bassiana y Metarrhizium anisopliae), 2) Los semioquímicos (incluye el uso de las alomonas y kairomonas de comunicación interespecífica, y especialmente a las feromonas sexuales, de comunicación intraespecífica), y 3) Los biorreguladores (por ejemplo, los aleloquímicos, los Reguladores de Crecimiento de Insectos y las Hormonas Juveniles) y más recientemente los compuestos fototóxicos (por ejemplo la Floxina-B).

 

Actualmente, en nuestro país es posible sustituir algunas aplicaciones de plaguicidas químicos por la liberación inundativa o inoculativa de enemigos naturales como por ejemplo: Trichogramma spp contra huevecillos de lepidopteros, Chrysoperla carnea contra numerosas especies de plagas, Catolaccus grandis contra el picudo del algodonero, Cephalonomia stephanoderis contra broca del café y Diachasmimorpha longicaudata contra la mosca de la fruta.

 

Manejo ecológico de las plagas 

En este caso, se pretende además de considerar a los puntos anteriores, un conocimiento profundo del agroecosistema, lo que por una parte dificulta su aplicación, puesto que se requiere de capacitación a técnicos y agricultores, para el manejo de mucha información. Comprende algunos de los principios filosóficos del Manejo Integrado de Plagas, y del mismo modo tiene como herramientas el uso de umbrales económicos (y no precisamente para hacer la aplicación de un plaguicida), la aplicación de tácticas terapéuticas y/o preventivas, busca finalmente la reducción de la población de las plagas a niveles no competitivos.

 

Promoviendo la biodiversificación y sustituyendo el uso de plaguicidas químicos, es posible poder proponer para el control de las plagas una estrategia integral de manejo que sea sostenible.

 

En el manejo ecológico de las plagas, caven todas las opciones o herramientas posibles, prescindiendo de los insecticidas químicos, y que al ser aplicadas oportunamente y/o en forma simultánea, favorecen la actividad o eficiencia de los enemigos naturales.

El control biológico (CB) de plagas y las prácticas culturales, son fundamentales y en general juegan un papel determinante. Otros componentes a considerar son el conocimiento biológico de los organismos involucrados, el seguimiento climático y el uso de los modelos de simulación.

 

Respecto al CB, el estudio, uso, manipulación y eficiencia de los diferentes tipos de enemigos naturales (parasitoides, depredadores y entomopatógenos), se ve favorecido inmediatamente cuando mejoramos la biodiversidad en los agroecosistemas y a la ves que empleamos productos naturales o bioinsecticidas en el control de las plagas. En este apartado, se incluye la liberación inundativa o inoculativa de parasitoides o depredadores, e incluso la introducción de un enemigo natural exótico.

 

Actualmente en México, se realiza el control biológico en forma satisfactoria contra varias plagas de importancia económica, en el cuadro 1 se señalan algunos ejemplos contra diferentes plagas y cultivos.

 

Cuadro 1. Ejemplos actuales de control biológico en México

Cultivo

Plaga

Enemigo Natural

Maíz

Gallina ciega

 

 

Gusano cogollero

Beauveria bassiana

Metarhizium anisopliae

 

Trichogramma spp

Chelonus spp

Frijol

Conchuela

Pediobius foveolatus

Café

Broca

Cephalonomia stephanoderis

B. bassiana

Algodón

Picudo del algodonero

Catolaccus grandis

Hornamentales

Araña roja

Hirsutella thompsoni

Phytoseiulus persimilis

Solanaceas

Mosquita blanca

B. bassiana

Paecilomices fomosuroseus

Frutales

Mosca de la fruta

Diachasmimorpha longicaudata

Ganaderia

Mosca domestica

 

Mosca del ganado

Spalangia endius

 

Muscidifurax raptor

Varios

Huevos de lepidopera

 

Huevos y ninfas de varias sp

Trichogramma spp

 

Chrysoperla carnea

Lagos y presas

Lirio acuatico

Neochetina spp

Fuente: Congresos Nacionales de Control Biológico, 1997, 1998 y 1999

 

Las prácticas culturales, están dirigidas en primer lugar al manejo del ambiente para favorecer el cultivo y la presencia de los enemigos naturales y desfavorecer a la plaga, y en segundo lugar hacia la destrucción directa de las poblaciones de la plaga. La lista de prácticas que pueden utilizarse es muy amplia, entre las más importantes están: manejo de fechas de siembra, manejo de la nutrición del cultivo, incorporación de materia orgánica al suelo, uso correcto y manejo del riego, y el uso de métodos físicos como calor (solarización), barreras físicas naturales o artificiales, trampas de múltiples tipos, repelentes y atrayentes.

 

------------

(*) Dr. Fernando Bahena Juárez

Campo Experimental de Uruapan. INIFAP. 

Manejo Agroecológico de Plagas,  Uruapan, Michoacán

fbahenaj@prodigy.net.mx  

bahena.fernando@inifap.gob.mx